Un viaje sutil y melancólico en Extraño

 

 

 

 

«Extraño» (Argentina-Holanda-Suiza/2001-2003). Guión y dirección: Santiago Loza. Con Julio Chávez, Valeria Bertuccelli, Raquel Alvéniz, Eva Bianco, Jorge Prado y Chunchuna Villafañe. Fotografía: Willi Behnisch. Dirección de arte: Alejandra Taubin. Edición: Ana Poliak. Presentada por Primer Plano Film Group. Hablada en español. Duración: 81 minutos. Calificación: apta para todo público.

Un fascinante ensayo sobre la soledad, la incomunicación, la degradación, el paulatino abandono y todo el despojamiento personal del que es capaz un ser humano. Eso es «Extraño», debut en el largometraje del dramaturgo cordobés Santiago Loza, que llega a cinco salas porteñas luego de recorrer durante dos años el circuito de festivales y de ganar decenas de prestigiosos premios.
«Extraño» es una incursión en el indescifrable e inasible universo íntimo de Axel (Julio Chávez), un hombre hosco y solitario que ya no ejerce como cirujano, entrega las llaves de su departamento y se va a vivir con la familia de su hermana. Distante y prácticamente aislado de la realidad y sus complicaciones cotidianas, Axel apenas mantiene algún contacto cómplice con sus sobrinos y escucha casi de compromiso, como un autómata, las desventuras afectivas de la dueña de casa.

La mirada perdida de Axel se topa un día en un bar con la de Erica (Valeria Bertuccelli), una joven misteriosa que está embarazada de cinco meses. Ella se gana la vida como videasta, pero su existencia se ha visto sacudida por el repentino suicidio de su mejor amiga, con quien además compartía su departamento. La muerte, a partir de entonces, se ha vuelto casi una obsesión para ella, que no para de soñar con imágenes aterradoras.

Surge entre estos dos antihéroes una extraña conexión, una necesidad de estar juntos, de acompañarse en sus respectivos descensos a las profundidades interiores, aunque difícilmente pueda llamarse a ese encuentro un idilio amoroso (la película, además, no adscribe a ninguno de los cánones tradicionales del género romántico).
Axel deambula por el mundo, viaja a ninguna parte, casi no habla, pero el enigma que lo envuelve hace que todos quieran conocer sus secretos y confesarse ante él. Se produce, así, una contradicción inevitable, llena de momentos patéticos, de silencios incómodos, que Loza construye de forma impecable y perturbadora.

El joven director se aleja por completo de las tramas convencionales y de ciertas constantes del nuevo cine argentino (no hay actores no profesionales, no hay comentario social, no hay adolescentes ni jóvenes marginales, no hay urgencia ni desprolijidad) para dedicarse a registrar los pequeños detalles, las sensaciones, los estados de ánimo. «Extraño» es un viaje sutil, sensorial, contemplativo, melancólico y no exento de lirismo sobre la fugacidad y la imposibilidad encarnadas en un hombre que no encaja en los lugares comunes de la sociedad.

Un actor versátil

Con la invalorable colaboración del eximio fotógrafo Willi Behnisch (la película se rodó en video digital de alta definición), Loza elabora una riquísima atmósfera visual para un relato de enorme coherencia, homogeneidad y convicción. Así, con su pudor y su recato, con su audacia y su apuesta a la experimentación, «Extraño» sumerge al espectador en el mundo propio de un autor que -afortunadamente- ya está terminando su segundo largometraje.

Pero al indudable poder de sugestión de las climáticas imágenes que ofrece Loza se suman el compromiso y el talento de sus actores. Que Bertuccelli es una de las mejores intérpretes nacionales no es algo que se vaya a descubrir con este trabajo, aunque le alcanzan un par de escenas para transmitir toda la vulnerabilidad y los fantasmas interiores de su personaje. De todas formas, «Extraño» no sería el subyugante film que es sin el descomunal trabajo de un actor con la versatilidad de Chávez (se ubica en las antípodas del que concibió en «Un oso rojo»). Cada gesto y cada mirada, cada palabra y cada silencio tienen un significado y una justeza que resultan implacables. Una clase magistral de actuación introspectiva que transmite en toda su dimensión la frustración, el dolor, la fragilidad y el vacío emocional de este verdadero marginal de los sentimientos.

Diego Batlle

JUEVES 11 DE NOVIEMBRE DE 2004

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