Julio Chávez: «Estamos en una época donde es casi un deber construir polémica»

 

 

 

«Rancho» reúne a Julio Chávez, en la dirección, y a dos actrices y un actor de Córdoba. La obra, que pone en juego dos identidades antagónicas, se estrena el próximo viernes en la Sala Azucena Carmona del Teatro Real.

Estoy actuando”, dice Julio Chávez mientras posa para la foto y sonríe. Instalado en Córdoba, el actor pasa inadvertido cuando sale a la vereda de la calle Caseros, a metros de Vélez Sársfield. El viernes 5 de julio Chávez estrena Rancho, la obra que dirige con elenco local. También estrena el 10 de julio la nueva ficción de Pol-Ka, El Tigre Verón, en la que interpreta a un sindicalista del gremio de la carne. Antes del ensayo, la charla con Chávez comienza por el teatro y sigue por la vida.

– ¿Cómo fue el trabajo de la dramaturgia compartida en “Rancho”?

– Hay una situación todavía conflictiva y no clara sobre la dramaturgia compartida. En mi caso ha sido fundamental trabajar con un grupo, una fuente inagotable de asuntos, estímulos y palabras, pero finalmente alguien tiene que ser el padre de la criatura, sobre todo, en una obra de texto. Ahí está el lenguaje y la manera de articularlo. Fue una situación muy creativa. Para mí esa década (2005) fue muy creativa porque construí muchos espectáculos más. Fue claro que por un lado es estimulante trabajar con un grupo, y también fue muy claro que el padre de la criatura soy yo. Esto coincide con mi idea sobre la democracia: en la expresión es muy particular y, hasta dudosa.

Dice Chávez que alguien toma la decisión y no lo hace democráticamente, que el proceso fue de mucho aprendizaje y que a partir de Rancho, cuando trabajó con grupos aclaró: “el dramaturgo soy yo”. “Con el actor al frente, la obra se va cocinando a fuego lento. En otras palabras, la papa le pertenece al puchero, cuando se cocina todo junto”, dice.
Con respecto a la experiencia en Córdoba, señala: “Por mi situación, mi límite y mi deseo me atrapó el gusto de hacerlo con actores cordobeses, porque la obra trata de gente cordobesa. Al elenco le propuse, como hacen los coreógrafos, reponer una coreografía”.

– ¿Cómo surgió la anécdota que relaciona dos mundos?

– Los actores trajeron los roles (en Buenos Aires). Querían trabajar la dificultad de la convivencia de dos identidades. Les propuse jugar a una mujer de Barrio Norte (o de Córdoba) a la que se le instala la gente que no quiere un cuarto en Barrio Norte, que quiere el rancho.

Uno de los actores, Leandro Castello, del grupo de origen es cordobés y llevó su tonada al trabajo. La obra cuenta la historia de Clara, una mujer nacida en el campo que vive en Buenos Aires en un departamento, y que después de muchos años de distanciamiento recibe de manera imprevista a su hermano Tulio y a su sobrina Susana, hija de su hermana menor. Terminan ahí porque perdieron el rancho que tenían en el campo.

“Un actor muy joven compuso un personaje muy grande. Él le enseñó la tonada a la actriz Mercedes Scápola Morán. Fue un trabajo muy hermoso, cómo fue apareciendo el tema del campo y, sobre todo, cómo nos aferramos, muchas veces por miedo, a lo que entendemos que es nuestra identidad. ‘No como eso, porque no lo como’, sea yuyo o caviar. Cualquier movimiento que modifique eso produce conflicto, angustia y, sobre todo, miedo a no poder sobrevivir.
Creemos que corremos riesgo. Somos muy niños frente a lo desconocido. Los dos seres humanos que llegan al departamento no saben dónde vivir, y con la cerrazón de no poder plantearlo. Por pudor, ignorancia, uno se vuelve hasta chúcaro.”, dice Chávez que hace un paralelismo entre conductas y teatro.
“Como si cada cultura o grupo tuviera sus escenas predilectas y sus escenas que no sabe actuar. ‘Aparentemente’ la gente de ciudad es más expansiva. Por otro lado está la relación con la naturaleza y el clima. El cuerpo se hace más duro. La naturaleza hace a los cuerpos”.La gran ciudad El personaje que se siente invadido por los parientes del campo cree que sabe vivir. “Uno considera necesarias cosas que no lo son, porque hay más consumo, más sensación de progreso. En la obra, la tía le pregunta a la chica: ‘¿sabés lo que pasa en los supermercados hoy?’ y le enumera los tipos de yogur, como si eso fuese aprender a vivir, como si el mundo fuese lo que te ofrece para consumir. Entonces, ¿quién es más ignorante? Lo lindo de la obra es que los personajes encuentran una manera de hablarse, porque a la señora de ciudad cuando tiene que soltar la lengua para defenderse sin tanto prurito, le viene el lenguaje del campo. Suelta la pretensión, lo adquirido, y aparece lo mamado, el tono cordobés”, comenta el director.

En cuanto a la escenografía, tiene que ser un cuarto, para poder contar lo que pasa allí. Comenta Julio que esa mujer de Barrio Norte es de clase media, media baja, pero vive en Peña y Austria, que es como decir ‘ya me puedo teñir el pelo’. “Adquieren maneras de hablar: cambian ‘rojo’ por ‘colorado’, una manera de vestirse y deciden que empiezan a tener buen gusto, que es el cliché de una determinada clase, y aprenden palabras y textos que va armando la tribu de gente ‘bien’. El cuarto está impecable, decorado como vieron en las revistas de la peluquería, empapelado. Cuando ella entra a ese cuarto, siente que se lo merece. Por eso es tan importante la escenografía, la réplica de eso. Es una clase media ochentosa. Es importante la puerta, la cama y el rincón donde se refugian. Ellos no tocan la cama, no encienden la luz”, anticipa.

– ¿Hay ironía en el planteo?
– No, hay cariño. Yo comprendo lo que es querer pertenecer. Siento mucha piedad por todos. Tampoco los otros son mucho más abiertos. Discuten si se dice ‘chorizo’ o ‘salame’. Entonces decís ‘qué gente amorosa y ¡qué estúpidos que son!’ No me ubico en un lugar de crítica a una clase determinada, porque no tiene que ver con una clase, sino, con el sistema capitalista. No importa la clase, todos estamos atravesados por eso.

En Rancho los personajes se pelean por problemas de la infancia: ella dejó el corral abierto y se escaparon las chivas. “Cosas familiares, como la historia que me contó 98 veces mi padre sobre su hermana. Esa anécdota era siempre exactamente igual. La historia se transforma en la casa. Y así se vive. También es conmovedor que esa gente que ha quedado en la calle no sepa dónde vivir. Y van a volver a la calle por no poder hablar”, apunta Chávez.

Para el director, Rancho es una pieza musical, que tiene mucho humor. Es un material liviano. No tiene guiños para producir adhesiones ideológicas. “No es políticamente correcto, no tiene bajada de línea. La intención es que en su hechura comunique claramente la fragilidad del asunto y que los actores no se pongan excesivamente temperamentales. Es el humor de observar cómo somos los seres humanos. Estamos en una época donde es casi un deber construir polémica. No es la intención del espectáculo. Hemos caído en la trampa de suponer que es lo único que hay. Y no: hay mucho más para charlar, para acordar. A veces advertís que hay anestesia en relación a otros temas de lo humano”.

Para ver

Rancho. Dirección: Julio Chávez. Con Trinidad Vassia, Lucía Nocioni y Raúl Sánchez. Estreno: viernes 5 de julio a las 21.30 en la sala Azucena Carmona del Teatro Real, San Jerónimo 66. Repone los viernes y sábados de julio a las 21.30, y los domingos, a las 20.30. 
BEATRIZ MOLINARI
Domingo 30 de junio de 2019
vos.lavoz.com.ar