Julio Chávez & Adrián Suar: a la conquista de la calle Corrientes

 

 

El viernes, en El Nacional, estrenarán «Un rato con él», escrita especialmente por Chávez. En la obra serán hermanos, en la vida son muy amigos. Una charla con humor y emoción.
Con la sala en penumbras y casi vacía, la escenografía cobra vida. Otra vida, no la prevista. Entran los actores, sin la protección de sus personajes, preparan la mesa con café, gaseosas, fuentes con cereales, chocolates y frutas secas, invitan y convierten un espacio de la obra en un rincón íntimo para la charla. Sin un pedacito de ficción. Una burbuja a metros del caos de la calle Corrientes, en la que conviven el dato de su primera vez juntos en un escenario, la historia detrás del encuentro, la amistad, la admiración mutua, el humor de Julio Chávez y la emoción lagrimeada de Adrián Suar. Desde el viernes harán Un rato con él. El otro día se dio ‘un rato con ellos’. Un buen momento para compartir con ustedes.

Afuera quedan los martillazos del reciclaje del teatro El Nacional rumbo al estreno de la pieza que Chávez escribió especialmente. Hasta ahora, profesionalmente, un hilván de programas de TV los tuvo como productor y protagonista (Tratame bien, El puntero, Farsantes, Signos). Antes de eso, uno ya era muy reconocido y luego el otro lo volvió popularmente conocido. Y en este tiempo, con sus diferentes estilos y caminos, estarán juntos para sorpresa de muchos, para placer -se les nota mucho- de ellos.

-¿Cuál es la semilla del proyecto?

Chávez: Esto nació por gusto. Esto es de bocones que fuimos. Por el trabajo, y también por otros motivos, nos queremos mucho. Y entonces un día, hace más o menos dos años y medio, dijimos “Che, qué ganas de hacer algo juntos”. Son esas cosas que uno dice…

-Que uno dice y no siempre hace.

Chávez: Claro, yo soy un bocón que no hace mucho después. Pero él es un bocón que construye cosas, como verás. Armó Pol-ka, por ejemplo. Empezó a buscar materiales, junto con otro productor, y yo pensé que iba a ser muy difícil que encontrara una obra para nosotros. Y no apareció. Y en un momento le comenté: “Bueno, mandemos a hacer una para nosotros”. Y entonces planteamos juntos la historia y se buscó a un autor para que la construyera. Pero no es tan fácil escribir algo sobre las cabecitas de otras personas, teniendo en cuenta que además soy autor. Finalmente se decidió que la hiciera yo, junto a Camila Mansilla, y así llegamos acá.

-¿Lo que se logró se asemeja al disparador que tuvieron cuando decidieron trabajar juntos?

Suar: Cuando empezamos a charlar sobre esto diseñamos qué cosas podrían llegar a ser, de lo general a lo particular. Teníamos en claro la idea de los hermanos. Fue un proceso muy bueno. Y algo interesante es que la obra tiene su personalidad y no es a medida. No está hecha para Adrián y Julio. Es un texto más allá de los actores.

-Pero, en tu cabeza, ¿los personajes tenían las caras de ustedes?

Chávez: Sí, pero también me permití riesgos para mí y riesgos para él.

-¿De qué tipo?

Chávez: Del tipo de escenas no comunes en nuestro oficio hasta el día de hoy. Las mías, por ejemplo, en relación al humor. Las de Adrián en relación a un registro no habitual en él. Y lo que siento es que salió mejor de lo que el deseo en principio era. Y, al margen de todo lo que podamos decir artísticamente, contiene el profundo afecto que nos tenemos. Y una especie de familiaridad que no tiene historia, que va más allá del oficio y que se construye en el interior del oficio por su calidad de productor de muchas cosas que yo tuve la suerte de hacer. Siento que es un material que no nos traiciona, sino que se sostiene sobre la base por la cual fue construido: una amistad y sus diferencias. No fue una excusa para que estemos juntos en escena.

-¿Y cómo va el encuentro?

Chávez: Muy bien, pero ahora va a ingresar el público y el público es como un tercero que a veces hace que las parejas se separen.

Sentados frente a frente, Suar le celebra todas las gracias. Y escucha más de lo que habla. No está el escritorio de Pol-ka de por medio. Circula la llamada magia escénica.

Suar: Yo siento que no podía haber caído en mejores manos que las de Julio, porque lo quiero y lo admiro. Estoy viviendo algo único desde lo teatral, compartiendo un proceso creativo con un actor muy importante, coma -dicta-, un maestro de actores muy importante. Aprendí mucho estos meses. Descubrí otro tipo de abordaje, otras maneras. El ve las escenas con una claridad asombrosa que no todos tenemos.

-¿Se siente presión por estar al lado del Messi de la actuación?

Suar: ¿El es Messi, para vos?

-Sí.

Chávez: ¿De qué te reís, Adrián? Yo no he visto nunca una hiena como vos. ¿De qué te reís, por favor? Jamás me hubiese reído de un comentario
sobre un compañero. Hubiera bajado la vista y dejado que el mundo corriera con sus opiniones.

Suar: ¿Ves? Este es nuestro vínculo real. Así, humor puro, bromas todo el tiempo, fluye algo lindo y muy descontracturado.
-¿Pero se siente presión o no?

Suar: No, al contrario. Siguiendo con la figura del fútbol, siempre que salís a la cancha al lado de alguien tan importante jugás mejor. Y yo
no tengo ninguna duda de que estoy mejor en el escenario porque estoy con Julio. Los actores tenemos nuestro propio instrumento y siempre hay
que ver quién nos ayuda a guiarlo, porque a veces el GPS interior te puede hacer perder. Yo me conecté con él de una manera muy fácil. Y
encima lo disfruto a dos centímetros. Discutir ideas con Julio me enriquece. Siempre lo pongo como ejemplo. El honra el oficio.

-¿Y Adrián?

Chávez: Claro que lo honra. Yo calculo que debe ser muy difícil ser productor y actor, porque son miradas diferentes. Adrián se ha expandido
enormemente en la legitimidad de su productor y la pelea, muy bien peleada, para la legitimidad de su actor. Y ese actor está a veces como
pidiéndole permiso al productor y creo que es tan o más grande que el productor.

Detrás de la escenografía hay productores, el director (Daniel Barone), asistentes, gente que prefiere escuchar antes que murmurar. Y
entonces se oye a Chávez decir que está “con mucho vértigo por este proyecto. Es la primera vez que hago una obra de mi autoría. Esto es algo
inesperado. Lo hice como un acto de fe, de confianza y de cero paranoia. No es que no la había: estaba escondida. Y ahora la paranoia empieza
a parecer, está en la mesa mientras charlamos, como un invitado silencioso”.

-¿Paraliza?

Chávez: No paraliza, pero cuando uno da un salto, y es un salto de fe, conlleva la ignorancia.

-Pero saben hay agua en la pileta.

Chávez: Sí, todo muy lindo, pero nunca se sabe con qué peso cae el objeto. Nadie pisa la alfombra roja para los griegos.

Suar: En este tiempo nos llamamos muy seguido, nos ayudamos con el miedo. No sentimos que la tenemos atada. Yo me veo en el afiche con Julio
y estoy feliz, pero el temor está. Y a medida que se acerque la fecha de estreno supongo que va a ser peor.

Un rato con él trata, según el autor, “sobre un momento importante de dos hermanos que se unen para hacer justicia en relación a la historia
que creen que tienen en común y por separado. Es un día clave. Y lo que produce el encuentro es el fin de una manera de contarse la historia
y el inicio de una posible nueva historia que van a contar. En el medio hay un tema vinculado a la legitimidad de una obra de arte: la frase
de nuestro afiche dice ‘Nada más falso que la verdad’. Y nada más verdadero que la falsedad de la identidad de uno, porque uno la siente así
y no puede modificarla. La obra plantea un rescate de lo afectivo”.

Suar: Es hermoso lo que escribió… No sé, estoy muy sensible. Es muy fuerte lo que me pasa, lo presiento como un crecimiento en mi carrera
actoral. Julio tiene un instrumento prodigioso, lo veo y me conmuevo… Mirá, estoy llorando como un boludo. Yo lo quiero mucho. Nunca me
pasó de tener un compañero que me capture tanto, tiene una fibra emocional muy potente como artista. Hay enormes actores argentinos, pero de
ahora en más voy a poder decir “Yo trabajé con Julio Chávez”.

-¿Qué pasa Julio?

Chávez: Los escucho y siento que estoy frente a mi tumba. Temo haber muerto y que me estén rindiendo homenaje. De verdad, yo no me vivo de
esa manera. En mi imaginario no estoy en el lugar en el que ustedes dicen. Para mí Adrián es un exponente muy claro de lo que es el ambiente
artístico blanco. No es careta. Yo no soy muy amiguero y él es un puente importante.

Uno ríe, el otro llora. Un rato con ellos, a cuento de Un rato con él, fue ser testigo de un vínculo de los que no se ven seguido en el
medio. Ni abundan en la vida.

RECUADROS

-Una historia de vínculos, en la reapertura de El Nacional

“Dos hermanos. Una herencia. Y un reencuentro lleno de sorpresas”, avisa la gacetilla de Un rato con él, la obra que Julio Chávez escribió
especialmente junto a Camila Mansilla y que se estrenará el próximo viernes. Protagonizada por Chávez y Adrián Suar -en las pieles de
Gregorio y Darío, hijos del mismo padre, pero de distintas madres-, marcará la reapertura del teatro, ahora bautizado como “El Nacional
Sancor Seguros” y comandado en esta nueva etapa por Suar y el productor Nacho Laviaguerre, que se asociaron con Diego Romay para revitalizar
la histórica sala de Corrientes 960. Con dirección de Daniel Barone, reconocido realizador de los principales unitarios de Pol-ka, la pieza
cuenta también con las actuaciones de Manuela Pal, Marcelo D’Andrea y Francisco Lumerman y tendrá funciones los jueves y viernes a las 20.30,
los sábados a las 20 y 22.30 y los domingos a las 20.

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13 may. 2017