Agradecí el feliz matrimonio que tengo con mi oficio

 

El actor, dramaturgo y director estrena “Inés” en Córdoba con elenco local. Julio Chávez habla del oficio que lo salva y fortalece.
Tres obras pequeñas que hablan de la gente de la tercera edad, del amor, del decoro y de la dignidad fueron el comienzo de Inés, la obra que se estrena este viernes 3 de septiembre en María Castaña. En ella, una vez más Julio Chávez une inspiración y trabajo con Camila Mansilla.

“Pensamos unir esos materiales con una identidad en común: comunican un hecho amoroso. Pensamos en eso y en que queríamos una protagonista femenina”, dice Julio.

Ahí apareció la obra La voz humana de Cocteau. Los autores pensaron en el amor como adoración, como hecho concreto y como pornografía. “El amor como hecho para contemplar es conmovedor: contemplar sin pretender tenerlo. En La voz humana aparece un ser que ama y tiene que abandonar el vínculo, soltarlo, y la dificultad de eso, sobre todo cuando creemos que lo tenemos, no cuando lo sentimos. Esta cuestión de los humanos de que si algo me gusta lo quiero para mí”, apunta Chávez.
En Inés, una actriz está interpretando La voz humana y actuando la llamada telefónica del clásico, cuando escucha una voz que le pregunta: “¿Quién sos?”. Inmediatamente la función se suspende. La actriz decide contestar la pregunta y comienza a reflexionar sobre la vida y el amor. La pregunta resuena y entonces Inés averigua quién es.
“En esa búsqueda aparecen tres escenas de sus padres. Inés es una actriz que hace una obra sobre el amor, que no le pertenece, pero por eso tiene un encuentro con su identidad. Con Camila queríamos hacer un homenaje al espectador. El arte no existiría si no existiera un espectador; ojos, en el caso de la pintura, oídos, en la música. Siempre se necesita un alguien que lo recibe y lo contemple. Forma parte del hecho artístico. La contemplación vuelve activo el arte. El espectador vive y tiene una experiencia en el espectáculo. Es una actividad hermosa”, señala Julio.

Para definir el elenco cordobés que trabajaría en la obra, se realizó un casting. Se presentaron más de 300 actores y actrices de la provincia. En la preselección quedaron 15 artistas y luego se definieron los elegidos.

–Ya trabajaste antes en Córdoba. ¿Cómo fue este proceso, desde el casting a los ensayos?
–Establecí con Córdoba una relación muy relajada y muy fácil. Esto también me lo facilita Maxi Pita (el productor). El vio Inés en Buenos Aires y me dijo que quería hacerla en Córdoba. Me encantó porque la experiencia de Rancho fue extraordinaria, la pasamos muy bien y fue un trabajo muy gratificante. Me gusta Córdoba y el público cordobés. A pesar de la pandemia fue fácil cuando se pudo hacer.
El equipo trabajó con una dinámica particular porque el director tiene compromisos en Buenos Aires. “La agenda es sostenida por mi asistente de dirección cordobés (Agustín Bazán) que cumple un rol muy importante. La actriz Mariana Bonadero es extraordinaria. No conocía a ninguno de los tres actores. En el trabajo del teatro entre los actores y la dirección muy rápidamente se arma familia. Dos ensayos y ya sabemos de qué estamos hablando. La comunicación positiva no depende del lugar de donde somos”.
–Tu relación creativa con Camila Mansilla es muy fructífera.

–Es un encuentro en este oficio hermoso. Cuando empecé a entrenar actores, yo tenía 24 años. Agustín Alezzo me impulsó a dar clases. Camila Mansilla en ese momento tenía 15 años y participó en el primer grupo de teatro que yo entrené. Pasaron los años, siguió su carrera, hizo doctorados, estudió con Augusto Fernándes y empezó a dar clases, hace 20 años, sobre teoría en mi estudio. Le pedí que trabajáramos juntos en algunos proyectos. Se fue dando un encuentro en el trabajo, casi como en el amor. Apareció una compañera de trabajo excepcional. Nos llevamos muy bien. Es muy difícil escribir con otro u otra. Me siento con un par a quien respeto y admiro.

Hace 14 años que Julio Chávez y Camila Mansilla producen obras y publican libros. Están escribiendo un nuevo espectáculo; también crearon la obra Después de nosotros que se seguirá haciendo, en gira por el país, y escribieron el guion de una película. Julio Chávez debuta como director de cine. El 23 de noviembre comienza a filmar Cuando la miro, filme que protagoniza junto a Marilú Marini.

–¿De qué trata la película?
-Se ve que se nos dio por la contemplación (risas). Es la historia de un pintor ya muy adulto y con una madre muy grande. Tiene un encantamiento tal con la naturaleza de la madre que quiere hacer un registro de ella antes de que se vaya. Contamos la vida de este hombre y, sobre todo, que hay ciertas experiencias en la vida que ni el arte puede comunicar. Un hombre que es un hacedor del lenguaje tiene una experiencia que no puede comunicar: la naturaleza tan particular de la madre. Por eso decide hacer un registro. Es casi, diría, un fracaso del arte. El vive un encantamiento con su madre. También hay un vínculo con el espectador. Queremos demostrar que la obra de arte, si no está observada, no tiene ningún tipo de valor. Si a esta madre no la mira el hijo, no existe el vínculo.

REPRESENTAR LO REAL
-En otro escenario, el de la televisión y pensando en “El Tigre Verón”, ¿qué pensás sobre la representación de personas o hechos reales?

–El Tigre Verón no es real, es una ficción. Se quiso llevar cuando se estrenó a una situación como si fuese alguien concreto y el Tigre Verón es un personaje de ficción. No tengo la capacidad ni el gusto por contar la historia de gente que ha vivido o es contemporánea. Me llamaron para una serie, 2001; me llamaron para hacer otros personajes y yo no los hago. Me gusta la ficción. Quién soy yo para poner en mi boca hechos que fueron de una manera que no conozco. Hay hijos, parientes, gente que está viva y de quienes se hace la vida. Es una decisión que tomé para mí. No hablo de los haceres de los otros. Si me encontrase algún día en frente del hijo, la esposa, la prima de una persona que puse en escena, y me dice: “lo que has hecho no fue así, me has herido”, yo soy responsable. Por eso me refugio en la ficción.

Chávez reconoce que la ficción puede tener algún punto de contacto con la realidad, pero subraya que él cuenta la vida de alguien que inventa. El Tigre Verón suscitó una situación que lo obligó a salir a aclarar que no representaba a alguien contemporáneo. “Tuve que salir al campo de batalla a desmentir. Inclusive pedí disculpas si alguien se sintió herido”, dice de la serie que muy pronto lanza la segunda parte.

-¿Hay cambios sustanciales en el personaje de El Tigre en la segunda parte?

–Hay un cambio que fue lo que más me interesó hacer. Todo león pierde los pelos y tiene que entregar la corona. Es un momento muy conmovedor, para mí, de la experiencia humana cuando hay que bajar de la montaña, ceder, entregar, irse. El Tigre claramente ya no es ni siquiera un gato mojado. Pasa a pollito. Me gustó encarar ese tránsito. De paso voy ensayando el mío. Es lo lindo que tiene el arte.

–En pandemia, ¿hubo algún aprendizaje?

–Sí. Hubo un agradecimiento, más allá de la situación espantosa que vivimos como tribu. Además de aprender lo protocolar, que me costó muchísimo, agradecí enormemente el feliz matrimonio que tengo con mi oficio, que no es solamente ir al teatro, grabar o filmar. También es estudiar, escribir, tener encuentros con libros, con cosas que quería hacer. Agradecí a la vida haberme dado un oficio que está tan vivo en mí. Sigo siendo un curioso y eso ha sido una salvación. Sentí que tenía un ahorro que me permitió no entrar en desesperación. Entendí que hay una diferencia entre gastar los ahorros y no tenerlos. Me solidarizo con enorme cantidad de seres humanos que han perdido y se han quebrado.

Un respiro y un oficio que ama. Por eso Julio dice que está último en la cola de la queja. Chávez tuvo Covid. Hace 30 días que le dieron el alta. Transitó la enfermedad de manera asintomática.

“Tenía la primera dosis de la vacuna. Me apliqué la mejor vacuna: el contagio. Cuando vuelva de Córdoba voy a aceptar ser vacunado con una vacuna diferente a la que me dieron. Mi temor es la letalidad, que el ser humano no lo soporte, pero lo mejor que nos puede pasar es ponerle el cuerpo y la resistencia al virus. Es muy serio debilitar la fuerza del cuerpo, asustarlo. El cuerpo tiene capacidades. Hay que colaborar con los que ya sabemos que no tienen fortaleza. La humanidad va a tener que lidiar con este virus, para que pase a ser uno más. No estoy dispuesto a que me asusten todo el tiempo. Ya el mundo venía feo. Digo, qué estamos haciendo con la humanidad”, dice.

A propósito de este tiempo, no está mal pensar en la pregunta que le hace la voz misteriosa a Inés, “¿Quién sos?”, “¿Quiénes somos?”.
«A la humanidad habría que preguntarle eso. Y qué querés ser”, apunta Julio.

28 de agosto de 2021
Beatriz Molinari
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