Julio Chávez: “La Cabra es ante todo una comedia”

Por Alexis Sáez

Julio Chávez es el actor que rompió los esquemas con su protagónico en la película “Un Oso Rojo” de Pablo Trapero, el que se ganó el reconocimiento masivo del público por sus papeles en las series televisivas “Tratame bien” y “El Puntero” y el tipo que derrite los escenarios de los teatros, lugar en el que mejor se mueve. En esta oportunidad hará temporada por primera vez en Mar del Plata, donde este viernes a las 21 en el Teatro Bristol estrena la obra “La Cabra o ¿quién es Sylvia?”, junto a Viviana Saccone, Vando Villamil y Santiago García Rosa.

Ante la inminente apertura de la temporada teatral en Mar del Plata, los elencos van realizando sus funciones estreno, donde de alguna forma se quitan los miedos iniciales y se palpa la recepción del público. En el caso de la obra que encabeza Julio Chávez o Julio Hirsch (su verdadero nombre), estos temores parecen quedar a un lado, ocultos, quizá disimulados. La obra fue estrenada en abril en Buenos Aires, tiene rodaje, está probada, pero viene a la ciudad en busca de gloria y le sobran méritos para lograrlo.

La oportunidad de dialogar con Julio Chávez antepone un respeto por una persona que se maneja con humildad, pero que transpira sacrificio. Sentado en una silla que forma parte del escenario, con un gesto de aprobación, alegre, sudando luces blancas que lo acribillan, me empieza a revelar los secretos de la obra en la que ocupa el doble rol de actor y director.

“La Cabra es ante todo una comedia. Edward Albee el día del estreno en Estado Unidos, le aclaró al elenco que no se tenían que olvidar que él había escrito una comedia. La verdad es que la obra es una comedia, lo que pasa es que en el transcurso del material, inevitablemente el espectador se ve involucrado en una pregunta acerca de la naturaleza humana y acerca de cómo respondemos los seres humanos a las decisiones afectivas de los otros, qué nos permitimos hacer y qué no nos permitimos hacer y hasta dónde cada cual puede hacer lo que quiere”.

La charla fluye, me da pena detenerlo porque se lo nota a gusto, el aclara que “la obra presenta y pone sobre la mesa una pregunta: si me pasa, por qué no lo puedo hacer. A mí me parece un tema extraordinario el que plantea Albee y lo que es muy atractivo, es que lo presenta en tono de comedia. El espectador se ríe con el material y al mismo tiempo entra de una manera amistosa en una pregunta interesante que produce finalmente debate entre la gente”.

Un hombre que se encariña con una cabra parece ser absurdo, podría ser sencillo y reducible a una mera anécdota, sin embargo Julio dice que se “trata sobre la zoofilia, pero pasa a otro punto porque no es el hombre de las montañas con sus cabras, que descarga su sexualidad sobre el animal, sino que es un hombre culto que pertenece a la absoluta civilización, es arquitecto y tiene muchísimo éxito, y de pronto le pasa esto que es inesperado. Él ese día se levantó y no imaginó que a la noche iba a volver a su casa e iba a tener un encuentro inesperado con una Cabra”.

Julio reflexiona un segundo y se pregunta: “Qué carajo tenemos los seres humanos que proyectamos en los objetos tanta energía amatoria, erótica y que lo transformamos en un vínculo.Yo creo que La Cabra la puede ver la abuela, la tía o quien quiera y cada uno puede tomar el material como un divertimento, como un problema filosófico”.

“Mar del Plata y La Cabra justifican estar aquí”

Me interesa saber cuáles fueron las reacciones de la gente que vio el espectáculo en el Teatro Tabarís de Buenos Aires y Julio cuenta que “lo que nos pasó es que tuvimos un 80% de público muy a favor del material y después sabemos que hay un 20% del público que se va profundamente enojado, porque les parece profundamente irritante, pero se quedan en la sala. Ni una vez un espectador se levantó y se fue. Mucho más interesante es que no produce indiferencia, sino que es un material que provoca el interés de meterte e involucrarte con él.

Este admirable artista demuestra su inquietud por lo que le depara este verano “porque yo nunca he hecho una temporada en Mar del Plata, nunca se dio esa posibilidad y me resulta sumamente atractivo y estoy muy contento de estar acá y de estar en esta enorme expansión del teatro que tiene Mar del Plata, con muchas propuestas en tan corto tiempo, porque son dos meses y medio donde se juegan muchos números. Para mí es un triunfo traer La Cabra a la ciudad y que esté dentro del juego. Mar del Plata y La Cabra justifican estar aquí”.

“Nunca estuve tanto tiempo fuera de mi casa”

Mar del Plata es la primera ciudad a la que mis padres me habían permitido irme con un compañero del barrio y sus padres, y me acuerdo de un hotel al que iba y salía a la ventana y veía que con flores armaban un reloj en una plaza y me impresionó enormemente. Mar del Plata fue mi primer espacio de la infancia que me presentaba un otro espacio, una otra ciudad, y otra posibilidad, porque yo no estaba con mis padres. Recuerdo fotos de mi madre y mi padre caminando por la Bristol, ella en malla y bata y él en bata de colores y chancletas. De manera que Mar del Plata es un lugar que lo hayas visto o no, que produce una situación mítica en la imaginación de todos nosotros”.

Sin demasiado rollo, pero con un gramo de timidez, me cuenta una infidencia: “nunca estuve tanto tiempo fuera de mi casa”.