El ajustado traje de la identidad

Juan Desouza es un lacònico abogado de 46 años, casado sin hijos y a cargo de un padre mayor y enfermo. Su vida parece repartirse entre su trabajo, el cuidado de su progenitor y una convivencia rutinaria con su pareja. En la secuencia inicial nos enteramos de que su esposa acaba de quedar embarazada.
No se aporta mayor informaciòn sobre el protagonista; no hay flash back ni voz en off para indagar en su pasado ni en sus pensamientos. Pero aparece la posibilidad de un breve viaje por motivos laborales, que lo alejarà desde su residencia en Buenos Aires hacia el interior.
Inesperadamente, al llegar a destino, el protagonista decide tomar otra identidad, inventarse una profesiòn y conseguir un lugar donde dormir, superado por esa posibilidad de ser otro, es decir de de ser muchos, que aparece al alcance de la mano.

En los lugares donde se hospeda, adopta sucesivamente el nombre y la profesiòn de dos muertos, cuyos nombres y algunos datos ha conocido circunstancialmente en su breve estad¡a. Asì serà sucesivamente Emilio, arquitecto y luego Salazar, mèdico.
En su estado de disponibilidad, este hombre “nuevo” realizarà una travesìa que lo reencuentra con la naturaleza y sus instintos básicos, intentando abrazarse a la idea de que la vida que le tocò no es la ùnica posible.

“El Otro” es un film alejado del estereotipo, que no elude los riesgos, como en el tono mismo del relato, cuando en medio de un pico de tensiòn dramàtica se apela a una suerte de humor absurdo. Es una película marcada por los silencios y pausas del personaje, donde el juego de expresiones y de miradas se potencia con buenos planos, minuciosos y simbòlicos detalles, sostenidos por excelentes actuaciones, todo con una medida muy justa.
Pero lo curioso de “El otro” es que su protagonista no busca modificar radicalmente su vida a partir de la nueva identidad. No se parece a un sicòpata sino màs bien a un hombre comùn que busca el refugio de un nuevo nombre y profesiòn para escapar de sì mismo.
La excusa argumental remite a la legendaria pel¡cula de Michelangelo Antonioni, El extranjero (1975), aunque aquì Juan da la sensaciòn de haber salido sólo para encontrar un pequeño oasis que lo proteja de ese ciclo de la vida marcado por la rutina del trabajo, la vejez y el deterioro.
Julio Chàvez, un artista que habla con sus silencios y que actùa con sus miradas, demuestra sobradamente por qué mereciò el galardòn al mejor actor en el último festival de Berlìn, interpretando a este inolvidable Juan Desouza, que sin buscar nada, sueña encontrarse con algo en el camino.
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